Aunque de una buena decisión podemos esperar un buen resultado, no siempre es así. Decisiones que con el tiempo se ven que fueron acertadas, pueden en algún momento dar resultados malos, inesperados. La razón es que no podemos controlar todos los factores concomitantes a nuestra decisión, hay factores independientes de nuestra acción.
El agricultor siembra su campo en un momento dado del año y lo habitual es que dé el resultado esperado, una buena cosecha, aunque esporádicamente esto puede no ocurrir por sobrevenir un cambio en la meteorología inesperado, l buen profesional sabe que tendrá que seguir sembrando en esa época y que los resultados vendrán.
Una persona puede invertir una vez en la bolsa sin el más mínimo conocimiento ni ayuda profesional y acertar, ganando mucho dinero, hasta podría repetir el éxito más de una vez aunque antes o después perderá. Su decisión no es correcta, por lo que difícilmente tendrá resultados mejores que los del puro azar. Si la inversión se hace siguiendo ayuda profesional y métodos comprobados siempre se terminará ganando.
Lo esperable es que se tomen buenas decisiones y se consigan buenos resultados, lo que proporcionará un aprendizaje positivo. Buenas decisiones con malos resultados ocurren, pero nuestra revisión de las acciones tomadas y la confianza en el método nos debe llevar a la conclusión de que factores incontrolables han influido, hemos tenido mala suerte.
La toma de decisiones erróneas con mal resultado nos enseñará tanto como las buenas decisiones con buenos resultados, de los errores se aprende tanto con de los aciertos o más. Lo peor es tener buenos resultados con malas decisiones, esto nos puede llevar al fracaso continuo.
Par tomar decisiones se debe seguir un método:
- Identifica el objetivo que pretendes definiéndolo claramente.
- Analiza el entorno definiendo factores positivos que te ayudarán y factores negativos que irán en tu contra.
- Revisa los medios con lo que cuentas.
- Valora los riesgos incontrolables, asumiéndolos o no antes de tomar la decisión.
- Pondera el beneficio-riesgo de las alternativas.
- Determina la decisión y llévala a cabo sin cambios de opinión continua.
- Una vez obtenido el resultado valóralo, sin autoengaños aprendiendo tanto de los aciertos como de los errores.